DUALIDAD: La Gota y el Océano
Existe en nuestra naturaleza una innegable tendencia a concebir el mundo de un modo dual.
Luz y oscuridad, bueno y malo, amor y odio, divino y profano, maestro y discípulo… Calificar, clasificar, medir, comparar y juzgar son, aparentemente, necesidades humanas que permiten al Ego cumplir su tarea de crear la individualidad y, para mantenerla a salvo, protegerla del resto de individualidades.
En realidad dicha dualidad es consecuencia directa de tomar como referencia tan solo una pequeña parte de nuestra existencia. Es una cuestión de límites. Compartiré mi visión:
Usaré como metáfora el mar, un enorme océano infinito en continuo movimiento. Es bien sabido que en la naturaleza el agua en estado líquido no puede quedar quieta por un largo periodo de tiempo sin corromperse, sin perder sus cualidades. Tenemos, por tanto, agua en continuo movimiento que en su superficie crea pequeñas olas. De vez en cuando, estas olas coinciden sumando sus tamaños y creando una ola mayor que en ocasiones salpica.
De repente, una pequeña gota que hasta entonces había sido parte indiferenciada del resto del océano queda por unos instantes separada de este, subiendo solitaria por el aire. Aquí comienza la toma de consciencia de esta gota.
Lo que hasta ahora formaba parte del todo, descubre con gran sorpresa que está separada del resto del agua, y es más, descubre que está ascendiendo, alejándose más y más. Como océano no concebía principio ni final, solo movimiento, pero como gota acaba de nacer un ser aparentemente individual. Tan distinto en apariencia del océano original que deja de reconocerse como parte de este. Para esta sorprendida gota acaba de cobrar sentido el concepto de separación.
Nuestra gota recién nacida ha tomado consciencia de que a partir de un momento dado ha empezado a existir. Comienza con curiosidad su nueva existencia, tan distinta y lejana de la fuente original que ya no es capaz de ver su semejanza.
En este inicio ascendente de su viaje comienza a mirar a su alrededor y descubre otras gotas que, como ella, hacen sus caminos de ascenso y, para su horror, descubre que estas mismas gotas terminan parando y cayendo al océano, desapareciendo como gotas, muriendo en su calidad de gotas. Acaba de aparecer el miedo a la muerte. Todo lo que comienza tarde o temprano termina por acabar.
El miedo a la muerte hace que nuestra temerosa gota mire con atención lo que hay a su alrededor, la vida de las otras gotas. Descubre que hay gotas que parecen ascender más que otras, incluso que hay gotas que chocan con otras, precipitándose ambas a su final. Acaba de nacer la necesidad de proteger su vida y su individualidad del resto de gotas. El Ego aparece para cubrir esta necesidad.
Nuestra protagonista, ya evolucionada en su toma de consciencia como gota, ve que inexorablemente se acerca cada segundo al inevitable final, con lo cual crece su miedo a dejar de existir y crece su necesidad de proteger a toda costa su existencia. Da rienda suelta a su fiel defensor, a su guardaespaldas, al Ego. Y este, envalentonado con sus nuevos galones, toma gustoso el control de la existencia de la gota.
Llega un momento en que la gota ha concedido tanto poder a su guardián que termina olvidando quien es, confía tanto en el ego que lo adopta como identidad propia, como versión adaptada a su realidad como gota en un peligroso mundo en continuo cambio. En el mundo de la Seguridad, el nivel de éxito está directamente proporcionado al nivel de paranoia. Cuantos más supuestos tengas contemplados, más preparado estarás contra cualquier contingencia y más seguro estarás. Nuestro recién ascendido Ego toma consciencia de ello y comienza a recelar de las demás gotas, a defender su espacio propio, a acaparar todo aquello que cree que le servirá para defenderse, a conseguir ser más fuerte que el resto de gotas. Siempre hay algo que le falta, siempre hay algo que otros tienen y ella no, de repente, acaba de nacer el concepto de carencia.
Por encima de todo ello, el Ego debe saber cuándo y cómo emplear sus medios, distinguir lo más peligroso de lo menos peligroso. Necesita crear una escala de evaluación de amenazas, una forma de preverlas y de clasificarlas.
El resultado de todo este proceso, para nuestra querida, confundida y atemorizada gota es la Dualidad.
Distinguir lo bueno de lo malo, lo beneficioso de lo peligroso, la luz de la oscuridad, Yo y el resto, lo mío y lo de otros…
Este es el modo en que muchos seres humanos suelen vivir, pensando que nuestra existencia es efímera, que el mundo que nos rodea es peligroso, que debemos protegernos del resto, porque de otro modo moriremos y dejaremos de existir.
Al igual que la gota, que jamás dejó de ser océano, y que incluso cuando volaba lo hacía en un aire húmedo, rodeado de la misma agua en un estado diferente, vivimos pensando que somos individuos separados del Todo, de esa fuente divina de la que provenimos… y a la cual nunca hemos dejado de pertenecer. Así como es arriba… es abajo. En la parte está contenido el todo.
No existe amor y odio: Existe más amor o menos amor, pues el odio no es más que un amor pequeño. Es necesario amar para odiar, pues sin este amor, encontraríamos indiferencia.No existe bueno y malo: Existe más beneficioso para mí, y menos beneficioso para mí. No hay luz y oscuridad: Hay luz y ausencia de luz. No podemos oscurecer un lugar introduciendo oscuridad, tan solo podemos retirar la luz.
La dualidad es solo una herramienta del Ego para mantener la ilusión de estar separados. Sin ella su poder se diluye y por ello la protege. Trascendamos esta limitación.
A medida que avanzamos en nuestros estudios, en nuestras prácticas, y nos ponemos a prueba en nuestra vida diaria, vamos descubriendo y profundizando en el arte de la existencia consciente. Descubrimos que aportar luz allá donde estemos es la clave para que una a una, pequeñas gotas sean conscientes de que provienen de una infinita divinidad, que son divinidad y que, aunque pierdan su forma de gota, seguirán siendo divinidad. Ciclos de experiencia, una tras otra. Consciencia en perpetuo movimiento.
Nuestra exhausta gota, al fin, puede relajarse y disfrutar del viaje.